Lo que no se resuelve en el taller
Un taller da trabajo. Una cancha da deporte. Pero hay cosas que no se arreglan puertas adentro: una vereda sin rampa, un ómnibus al que no se puede subir, una pensión que no alcanza, una ley que se demora. Para eso hay que salir.
Fernando Rodríguez, secretario general de ONPLI, cuenta que la organización participó de las marchas por los derechos de las personas con discapacidad desde sus inicios.
Una columna con nombre propio

La foto muestra cómo marchaba ONPLI. Los carteles no son impresos: son letras recortadas y pegadas a mano sobre cartón, clavadas a palos de madera. Hay media docena repartidos por la columna, todos con la misma palabra. Nadie tiene que preguntar quiénes son.
En el medio de la columna avanza un hombre en silla de ruedas, empujado por una compañera. Alrededor caminan personas con y sin discapacidad, mezcladas. La columna es, ella misma, una demostración de lo que se está reclamando.
Y los tamboriles
A la derecha del grupo van los tambores. Un candombe completo, con el tamboril grande adelante y otro más chico atrás, adornado con banderines.
No es un detalle decorativo. Una marcha con tambores no pide permiso para que la escuchen: la gente sale al balcón, los autos frenan, la calle se da vuelta a mirar. Para una organización chica que reclama algo que a la mayoría no le pasa, que la escuchen es medio trabajo hecho.
Sigue pendiente
Muchos de esos reclamos siguen siendo, todos los días, una vereda sin rampa y un ómnibus al que no se puede subir. Por eso ONPLI nunca dejó del todo la calle.