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Nuestra historia · capítulo 1 de 5

Los orígenes de ONPLI: de la Escuela Roosevelt a una sede propia

9 de julio de 2026

Empezó con un oficio

ONPLI no empezó con un local ni con un estatuto: empezó con un oficio que un grupo de personas con discapacidad ya sabía hacer.

Varios de los compañeros fundadores venían encuadernando libros en la Escuela Franklin Delano Roosevelt, y de ahí salieron, allá por 1972, para armar algo propio. Por eso el taller de encuadernación es el más antiguo de la organización: no se creó después, como una actividad más. Fue el punto de partida.

Es un detalle que cambia el orden de las cosas. Primero estuvo el trabajo, y alrededor del trabajo se construyó la institución.

Fruto del aporte del pueblo

La primera sede no llegó por una gran donación ni por un fondo estatal: se compró con plata juntada entre la gente. Y ONPLI lo dejó escrito en la fachada, en un cartel del tamaño de la puerta.

Fachada en blanco y negro de la primera sede de ONPLI con un cartel grande que dice: Local adquirido por ONPLI, esto es fruto del aporte del pueblo.
«Local adquirido por ONPLI. Esto es fruto del aporte del pueblo».

El cartel no dice "gracias por su colaboración". Dice de quién es el local. Es una declaración de propiedad colectiva, puesta en la calle para que la lea cualquiera que pase.

Las primeras reuniones de la directiva

Reunión de directiva en blanco y negro: tres personas trabajando alrededor de un escritorio, con banderitas de escritorio a un costado.

ONPLI se dirige por Consejo Directivo, integrado mayoritariamente por personas con discapacidad y elegido cada dos años por los socios. Esa regla no es un detalle administrativo: es la razón por la que la organización pudo decidir su propio rumbo en vez de que lo decidieran por ella.

Poner el local en pie

Comprar el local fue el primer paso. Después hubo que hacerlo habitable: paredes, patios y ambientes para reparar y adaptar hasta que sirvieran como talleres.

Patio interior de la sede en obra, con una persona subida a una escalera trabajando sobre la pared descascarada.
Las obras de acondicionamiento, hechas a pulmón.

La sede, ya consolidada

Con los años, aquella fachada gastada cambió de aspecto: se pintó, sumó un zócalo de piedra y estrenó un cartel nuevo. Debajo es la misma casa, con las mismas rejas de hierro y la misma puerta al medio.

Fachada de la sede de ONPLI ya pintada, con zócalo de piedra, cartel colgante de ONPLI y autos estacionados enfrente.
La sede unos años después, ya pintada y con su cartel nuevo.

Lo que hay hoy

Aquella casa es hoy la sede central de Ceibal 1629, en Reducto, donde funcionan la administración, los cursos de computación, el comedor y el taller de imprenta y encuadernación: el mismo oficio del principio, medio siglo después.

Depósito de la sede actual con sillas de ruedas ordenadas contra la pared.
El depósito de sillas de ruedas en la sede actual.
Patio y corredor exterior techado de la sede actual de ONPLI.
El patio de la sede.

Con el tiempo ONPLI dejó de ser una sola casa. Sumó un complejo industrial en el Prado, con el taller metalúrgico y la lavandería, un centro social y deportivo con cancha de básquetbol, y un predio de campo en Canelones.

Falta completar esta historia

Este archivo está incompleto. De varias de estas fotos no sabemos el año, y de algunas personas no sabemos el nombre. Si tenés fotos, documentos o recuerdos de los primeros años de ONPLI, escribinos por el formulario de contacto.